DIAETA

La revista científica de la Asociación Argentina de Dietistas y Nutricionistas Dietistas AADYND

Buenos Aires | Vol. 38 - N 171 | Publica en LILACS y SciELO

Trimestre ABRIL MAYO JUNIO de 2020

ISSN 1852-7337 (en línea)

DNDA: internet/digital: 66571396

AADYND

ARTÍCULO ORIGINAL

La autopercepción del cuerpo: sentido desencadenante del proceso de transición hacia prácticas productivas agroecológicas.

Body self-perception: sense that triggers the transition process towards agroecological productive practices

Dra. Huergo Juliana (1,2), Lic. Morello, Anabela Belén (1), Lic. Julieta Seplovich (3,4), Lic. Valerio Yamila Belén (1)

(1) Escuela de Nutrición, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Córdoba (UNC). (2) Centro de Investigaciones y Estudios sobre Cultura y Sociedad (CIECS-CONICET), Facultad de Ciencias Sociales (FCS), Universidad Nacional de Córdoba. (3) Doctoranda en Estudios Sociales Agrarios. Centro de Estudios Avanzados, FCS, UNC. (4) Becaria CIECS-CONICET, FCS, UNC.

Correspondencia: Juliana Huergo. E-mail: julihuergo@hotmail.com

Recibido: 12/01/2018. Envío de revisiones al autor: 31/05/2018. Aceptado en su versión corregida: 5/6/18.


Declaración de conflicto de intereses: Sin conflictos de intereses.

Fuente de financiamiento: No se recibió financiación del trabajo ni apoyos financieros para su ejecución.

RESUMEN

Introducción. La Declaración de Giessen 2005, matriz fundante de una “nueva nutrición” establece que las dimensiones biológica, social y ambiental deben ser postuladas como partes indivisibles de la nutrición de los colectivos sociales entendida como “totalidad compleja”. Esta premisa nos invita a profundizar en la relación entre la naturaleza, el cuerpo y los alimentos.

Objetivo: analizar la autopercepción del cuerpo de los/as pequeños/as productores/as de la Feria Agroecológica de la ciudad de Córdoba, Argentina, como el principal desencadenante del proceso de transición hacia prácticas agroecológicas.

Materiales y Método: investigación de tipo cualitativo. Universo: totalidad de pequeños/as productores hortícolas en transición agroecológica que participan en la señalada Feria (N=4). Muestra: intencional conformada por informantes claves vinculados a ese espacio tras la intencionalidad de profundizar sobre la información proporcionada por los/as primeros/as (n=12). Técnicas de recolección de información: observaciones participantes y no participantes, grupo de discusión y entrevistas semi-estructuradas. Consideraciones éticas: velamos por el resguardo de los principios inherentes a las declaraciones de Nürenberg, Helsinki y Tokio. Análisis de la información a partir de la teoría fundamentada.

Resultados: en los relatos de los/as pequeños/as productores/as hortícolas acerca de su trabajo se expresa el tipo de interacción que sostienen con la naturaleza, trayendo inevitablemente el propio cuerpo a escena en analogía con la tierra y los alimentos. Perciben su propio cuerpo como un lugar estético-cognitivo desde el que han re-significado el trabajo con la tierra desde la agricultura convencional hacia la agroecología: 1. Un cuerpo enfermo/envenado, producto de la agricultura convencional. 2. Un cuerpo sano, resultante de una relación armónica con la ecología o con el cosmos.

Conclusión: La autopercepción del cuerpo constituyó el principal sentido desencadenante que interpeló fuertemente a los/as productores/as para iniciar el proceso de transición hacia prácticas productivas alternativas.

Palabras clave: agroecología, cuerpo, sistemas alimentarios, nutrición.

ABSTRACT

Introduction. The Declaration of Giessen 2005 constituted the matrix of a "new nutrition" that establishes that the biological, social and environmental dimensions must be postulated as indivisible parts of the nutrition of the social collectives understood as "complex whole". This premise invites us to deepen in the relationship between nature, the body and food.

Objective: to analyze the body’s self-perception of the small producers of the Agroecological Fair of the city of Córdoba, Argentina, as the main trigger of the transition process towards agroecological practices.

Materials and Method: qualitative research. Universe: total of small horticultural producers going through agroecological transition that participate in the Fair (N=4). Sample: intentional, made up of key informants linked to that space, in charge of deepening information given by the first ones (n = 12). Techniques used to gather information : participants and non-participants observations, discussion group and semi-structured interviews. Ethical considerations: we ensured the protection of the principles inherent to the declarations of Nürenberg, Helsinki and Tokyo. Analysis of information based on grounded theory.

Results: when the small horticultural producers talked about their work, they expressed the type of interaction they maintain with nature, by bringing, inevitably, their own body to scene in analogy with the earth and food. They perceive their own body as an aesthetic-cognitive place from which they have resignified working with the land from conventional agriculture to agroecology: 1. An ill / poisoned body, resulting from conventional agriculture. 2. A healthy body, resulting from a harmonious relationship with ecology or the cosmos.

Conclusion: The self-perception of the body was the main triggering sense that strongly encouraged the producers into starting the transition process towards alternative productive practices.

Keywords: agroecology, body, food systems, nutrition.

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Introducción

La Declaración de Giessen del año 2005 (1), matriz fundante de una “nueva nutrición”, condensa postulados que diferentes pensadores latinoamericanos de la corriente salud colectiva venían vaticinando desde el siglo anterior sobre la necesidad de comprender la complejidad de los procesos alimentarios-nutricionales poblacionales en el marco del análisis de los sistemas alimentarios. Entre ellos, Pedro Escudero (1887-1963) desde Argentina, Josué de Castro (1908-1973) desde Brasil y José María Bengoa Lecanda (1913-2010) desde Venezuela (2-5). Las dimensiones biológica, social y ambiental “deben” ser postuladas como partes indivisibles de la nutrición de los colectivos sociales entendida como una “totalidad compleja” (6). Esta premisa nos invita a profundizar en la relación entre la naturaleza, el cuerpo y los alimentos tanto en el plano productivo, distributivo, como así también en el acto de incorporación. Esto último refiere a cómo las sustancias ingeridas rehacen de manera incesante la materia de nuestro organismo, o bien, se hacen cuerpo mediante la asimilación de los nutrientes y los sentidos sociales que portan los alimentos (7).

Así como hemos desarrollado en otros trabajos (8), partimos de reconocer la construcción alimentaria del cuerpo. Siguiendo a D. Le Bretón, nuestra corporalidad va más allá de la mera biología para constituirse como un “fenómeno social y cultural, materia simbólica, objeto de representaciones y de imaginarios” (9). Es en todos esos sentidos que operan los alimentos al hacerse parte de nuestro cuerpo. De esta manera, este autor sostiene que no hay nada de natural en él. La forma de percibir a partir de los sentidos (saborear, oler, tocar, oír, ver), gesticular, comportarnos, relacionarnos y comunicarnos con otros, expresar nuestras emociones, indagar el mundo que nos rodea para hacerlo inteligible y amigable, están comandados por el contexto material y socio-cultural que habitamos.

El cuerpo, en tanto soporte material, tomando los aportes de S. Hintze “expresa qué de lo socialmente generado va a parar a cada boca” (10). Por lo tanto, representa un lugar privilegiado para la lectura analítica acerca de cómo las diferentes formas de comer se traman con las desiguales formas de vivir en un tiempo y espacio determinado. En esa perspectiva, M. C. Laurell refiere que: “El proceso biológico humano mismo es social (…) en la medida que no es posible fijar la normalidad [anormalidad] biológica del hombre al margen del momento histórico” (11). De este modo, el cuerpo es producto del entramado relacional de determinadas “situaciones alimentarias” (12): ¿cuántos y cuáles alimentos se producen (y no se producen)? ¿cómo se producen? ¿qué parte de lo socialmente generado va a parar a cada boca? ¿de qué manera se consumen teniendo en cuenta las determinaciones materiales y simbólicas? A lo que añadimos la relevancia de una mirada histórica.

El corte diacrónico posibilita deconstruir lo que el mercado nos propone como paisaje natural en la relación naturaleza-cuerpos-alimentos. El precio de éstos no siempre formó parte del “casino financiero global” (13). Por el contrario, su precio se definía colectivamente en el espacio público como parte de la economía moral de las multitudes; escenario donde el agricultor, el molinero, el panadero y todo aquel actor vinculado a la alimentación eran considerados “servidores” sociales (14). Con la especulación, suben los precios y se traslada a los alimentos de su propia condición: “ser una experiencia ecológica, una experiencia sensorial, una experiencia biológica” (13). V. Shiva (13) sostiene

a. Estos tres referentes aportan en la necesidad de lecturas relacionales para el abordaje de la complejidad en materia de salud colectiva. En ese sentido, por orden cronológico, Escudero plantea que: “El problema alimentario de un pueblo presenta dos fases obligadas una biológica y otra económica, es erróneo querer estudiarlas separadamente… A veces es necesario también agregar al estudio una tercera fase, la historia del pueblo cuya alimentación se trata de determinar, es decir el conjunto de tradiciones, creencias y costumbres de la alimentación...” (2). De Castro, añade un explícito detenimiento en el contexto: “Lo que se llama la ‘raza’ es en última instancia, un poco de herencia y mucho de adaptación a las condiciones ambientales, buenas o malas. Así, la pequeña talla de pueblos que habitan las regiones tropicales es más, que un carácter racial, la consecuencia de una alimentación deficiente en proteínas”. Asimismo, considera el componente emocional como un lugar analítico en sí mismo: “La pereza, el fatalismo de ciertos pueblos, de ciertas razas, no son sino consecuencias del hambre sufrida de generación en generación” (3). Por su parte, Bengoa también suma en esa doble dirección: “Los niños pequeños o delgados por causas nutricionales eran niños aparentemente normales“ (…) No se decía que los niños o adultos ”están pequeños o delgados“, sino ”son pequeños o delgados“ (…) ¿son o están? En el fondo, todos estamos inacabados, tanto en lo físico como en lo funcional, y lo que somos o deberíamos haber sido, en realidad nadie lo sabe (4). Como así también que, “… Los niños se recuperaban en el término de tres o cuatro meses. Un día el Padre Quintana me preguntó que cuando les daba de alta. ´Cuando sonríen padre. Cuando sonríen, respondí´…” (5).

b. Para una profundización de la perspectiva histórica en la relación hombre-naturaleza-alimentos, consultar: Aguirre, P. Del gramillón al aspartamo. Las transiciones alimentarias en el tiempo de la especie. Boletín Techint 2001; 306. (Revisado el 16 de noviembre de 2017). Disponible en: http://antropologiaculturalyalimentaria.tripod.com/id10.html

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que este juego económico, sólo sirve a los inversionistas y a la agroindustria, pero no a la gente. Complementariamente señala que, sólo se logrará la “democracia alimentaria” y la “soberanía alimentaria” si se los devuelve a las multitudes sociales y se los retira de esa burbuja financiera.

Según las concepciones de la Coordinadora Latinoamericana de Organizaciones del Campo (CLOC) y la Vía Campesina (VC), es en ese nodo conflictual donde la agroecología ingresa como el único camino, pertinente, viable y éticamente admisible para el logro del derecho a la alimentación de los pueblos en armonía con la vida de todas las especies del planeta. Siendo considerada, además, una ciencia en construcción que debe generar conocimiento pluralista y multidimensional. Con relación al primer aspecto, significa reunir, sintetizar y aplicar los principios de la agronomía, la ecología, la sociología, la etnobotánica y de otras ciencias afines como la nutrición (18). En cuanto al segundo aspecto, para comprender de forma acabada los agroecosistemas debemos profundizar en su contexto tanto natural como sociocultural (19).

La relación entre naturaleza – cuerpo - alimentos que nos interesa desarrollar en este trabajo es la que propone la Feria Agroecológica de Córdoba; creada en noviembre del año 2013 en el predio de la Universidad Nacional (UNC). Es la primera en la capital cordobesa, originada a partir de un proyecto de extensión. Presenta como sus principales actores: al programa Pro-Huerta del Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), a la Secretaría de Agricultura Familiar de la Nación, al Foro Nacional de Agricultura Familiar (FoNAF), al Movimiento de Agricultores Urbanos de Córdoba (MAUC), a la Cátedra Libre de Agroecología y Soberanía Alimentaria (CLAySA) y a productores agroecológicos (de hortalizas, huevos, especias, panificados, dulces y miel, cosmética, microdosis). En 2012 estos agentes conformaron la Mesa de Agricultura Urbana, sitio desde el que se presentó el proyecto a la Secretaría de Políticas Universitarias de la Nación. El objetivo de esta iniciativa interinstitucional responde a fortalecer a los/as productores/as agroecológicos/as familiares de áreas urbanas y periurbanas de la provincia de Córdoba, generando un espacio apropiado de comercialización y sensibilización de la comunidad con el fin de iniciar un proceso alternativo al actual modelo productivo y de consumo hegemónico (agroindustrial). Como escenario de máxima, esta experiencia pretende que los/as primeros/as se empoderen y logren sobrevivir a partir de la promoción de circuitos cortos de comercialización basados en los principios de la economía social y sistemas de garantías participativas en un mercado no preparado en su normativa para este sector (21).

De todo lo descrito hasta aquí, se desprende el objetivo de esta comunicación: analizar la autopercepción del cuerpo de los/as pequeños/as productores/as de la Feria Agroecológica de la ciudad de Córdoba, Argentina, como la principal desencadenante del proceso de transición hacia prácticas agroecológicas.


Materiales y método

Desarrollamos una investigación de tipo cualitativo, que se fundamentó en la necesidad de comprender el sentido de la acción social – en este caso, las prácticas productivas - en el contexto analizado según la perspectiva de los/as participantes (22). Partimos de concebir a la agroecología como un paradigma emergente que busca entender, explicar y actuar en el marco de la problemática alimentaria contemporánea (23). Ésta expone que se ha olvidado del carácter histórico de las relaciones existentes entre sociedad y naturaleza, se ha inventado

c. Las décadas del ´60 y ´70 constituyen un momento histórico en el que la agricultura comienza a albergar relaciones de producción y trabajo junto a pautas de desarrollo basadas en la alta rentabilidad, provocando en el mediano y largo plazo la esquilmación de la tierra y la del/la propio/a trabajador/a agrícola (15). En ese marco, los países latinoamericanos son blanco de tales estrategias productivas, receptores de ayuda alimentaria -contracara “solidaria” del nuevo proceso implementado- y campos de experimentación de empresas agrícolas transnacionales (16). Llegados los años ´90, a través de políticas macroeconómicas globales, se extranjerizan las empresas agroindustriales, provocando integración vertical, y los/as productores/as agropecuarios/as se ven obligados/as a articularse con estas grandes corporaciones (17).

d. Práctica primordial inherente al agro-negocio, responde a la ley de la oferta, a la demanda y mandatos de las trasnacionales, está bajo el poder absoluto-omnipresente del mercado que domina y explota a los pequeños productores (20).

e. Se desprende de la investigación: Concepciones de agroecología y proceso de transición de productores/as de la feria agroecológica de Córdoba. Tesis realizada en el marco de la Escuela de Nutrición, Facultad de Ciencias Médicas, Universidad Nacional de Córdoba. Obtuvo la Primera Mención en las X Jornadas Internacionales de Salud Pública “Salud y Ambiente para el desarrollo sostenible” realizadas en Córdoba entre el 5 al 7 de junio de 2017.

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una historia sin naturaleza, una ecología sin sociedad (24), una agricultura sin agricultores (25) que contamina, extranjeriza, depreda y mercantiliza bienes comunes en nombre de la rentabilidad.

En cuanto al universo, trabajamos con la totalidad de pequeños/as productores hortícolas en transición agroecológica que participan en la Feria Agroecológica de Córdoba (N=4). Para la elección de este grupo nos basamos fundamentalmente en el carácter agroecológico de sus prácticas productivas, la riqueza de esta experiencia en cuanto a sus sentidos originarios o desencadenantes. Complementariamente, conformamos una muestra intencional de informantes claves tras la intencionalidad de profundizar sobre la información proporcionada por los/as primeros/as. Para ello, optamos por la estrategia de muestreo “redes de contacto o bola de nieve” (25). Este colectivo estuvo conformado por personas que vinculadas a la Feria desde diversos lugares institucionales (n=12): profesores/as universitarios/as de la Facultad de Ciencias Agropecuarias, de la Escuela de Nutrición, miembros de la CLAySA, integrantes de la Mesa de Agricultura Urbana y técnicos/as del INTA. Al saturarse las categorías de análisis, es decir, cuando se obtuvo poca información nueva a partir de las observaciones y las entrevistas, consideramos alcanzado el “punto de redundancia” (26). Dados los objetivos de la investigación y la metodología propuesta, la muestra de informantes claves no respondió a criterios de representatividad estadística.

En ese marco, las técnicas de recolección de la información que realizamos respondieron a las siguientes (26):

Observaciones no-participantes y participantes en la Feria Agroecológica: en principio, empleamos la técnica no reactiva de observadoras externas donde recolectamos información sin interactuar o reaccionar ostensiblemente en la actividad de los feriantes. Luego, participamos al entrar en contacto con los pequeños/as productores/as hortícolas en transición agroecológica y, de este modo, nos fuimos adentrando en el conocimiento de sus prácticas productivas. A esta técnica la llevamos a cabo durante el lapso de un año (octubre 2015 - octubre 2016).

Como primera actividad de esta pesquisa realizamos un diagnóstico abierto y anónimo dirigido a todos/as los/as productores/as de alimentos y demás feriantes presentes. Les entregamos una tarjeta a cada uno con la pregunta: ¿qué es la agroecología para Ud.? Las respuestas se colocaron en una urna dispuesta especialmente para esta ocasión.

Grupo de discusión con informantes claves: propusimos esta instancia para aprovechar la interacción del grupo en pos de generar información e interpretaciones que son más difíciles de lograr de forma individual. Con ese fin, cursamos una invitación a cada participante junto al consentimiento informado. El día del encuentro, luego de una primera ronda de presentación, dialogamos a partir de tres preguntas orientadoras: ¿cómo se originó la Feria Agroecológica de Córdoba?, ¿cómo pueden evaluar su devenir en estos tres años? ¿cómo la proyectan a futuro? A lo largo de la investigación efectuamos dos grupos de discusión entre los meses de agosto y septiembre de 2016, de una hora y media reloj de duración cada uno.

Entrevistas semi-estructuradas: las realizamos a los/as cuatro pequeños/as productores/as hortícolas y a tres informantes claves. Previo a su concreción, entregamos un consentimiento informado a cada entrevistado/a. El disparador del diálogo que utilizamos para motivar los intercambios fue la narrativa fotográfica. Esta técnica consiste en la selección de imágenes sobre la agroecología y las problemáticas vinculadas a la crisis ambiental, energética, alimentaria, civilizatoria (16). Éstas operaron de modo interpelador respecto de sus concepciones y experiencias en el señalado proceso productivo de transición. A los términos exactos y a la secuencia de la guía de preguntas las determinamos por adelantado, no obstante, con el correr de la investigación, fuimos adaptándolas a la especificidad del lenguaje de los/as participantes. Los ejes de indagación fueron: caracterización del entrevistado/a, la historia de la Feria Agroecológica de Córdoba, sus concepciones de agroecología, la transición hacia prácticas productivas alternativas, los factores obstaculizadores y/o facilitadores de estas prácticas, entre otros. Al lugar de encuentro lo definimos en conjunto. Las entrevistas se realizaron

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entre los meses de agosto y septiembre de 2016, con una duración promedio de dos horas reloj para cada grupo familiar.


Durante el desarrollo de las técnicas señaladas utilizamos dispositivos de registro tecnológicos (grabación) y etnográficos (observación); acopiando y sistematizando la información relevada en notas de campo.

En relación a las consideraciones éticas, velamos por el resguardo de los principios inherentes a las declaraciones de Nürenberg, Helsinki y Tokio. En ese sentido, presentamos ante la Comisión de la Feria Agroecológica de Córdoba una nota formal con información detallada del proyecto y del equipo de trabajo. En ese documento se dieron a conocer los aspectos más relevantes de la investigación, incluyendo procedimientos y objetivos a lograr. Además, aclaramos acerca de la confidencialidad de la información, la utilización de nombres de fantasía para preservar la identidad de todos/as los/as participantes, y el respeto de los resguardos éticos correspondientes.

Por otra parte, en lo que respecta al análisis de la información, durante el transcurso de la investigación, pero por sobre todo en la fase interpretativa tuvimos especial consideración a nuestra presencia en el campo (27). La “reflexividad” es una práctica obligatoria al realizar trabajo etnográfico, el que es parcial y hermeneútico siempre (28, 29). Utilizamos como soporte material el software de análisis para datos cualitativos Atlas.ti versión 7.1. Y, para las fuentes primarias nos basamos en la “teoría fundamentada” (30).


Resultados

La Feria Agroecológica de Córdoba propone un tipo de sistema alimentario que, al decir de J. Goody (31), presenta una secuencia que responde a fases distintivas y distintas tanto en actividad como en tiempo y espacio:

1. cultivar y criar (fase productiva): cinturón verde de la provincia.

2. repartir y almacenar (fase distributiva): en la propia Feria a partir de circuitos cortos de comercialización y principios de la economía social.

3. cocinar (fase inherente a la preparación culinaria): el encuentro entre productor-consumidor propicia el intercambio de ideas para cocinar y además se realizan preparaciones en vivo.

4. comer (fase de consumo): la Feria propone un espacio al aire libre donde muchos de sus visitantes realizan pic-nics para degustar lo comprado.


Asimismo, de manera complementaria, Hintze (10) añade una fase más al sistema alimentario: 5. la salud poblacional e individual; constructo que expresa procesos biológicos socialmente condicionados. Esta última dimensión nos parece de significativa relevancia en este trabajo dado que nos interesa de manera particular el cuerpo de los/as pequeños productores hortícolas. Especialmente, cómo lo perciben en el marco del sistema alimentario agroecológico local, el que motorizan con su energía corporal para producir otra energía necesaria para la (re)producción de vida (los alimentos). De esta forma, hemos organizado la estructura expositiva de los resultados en dos momentos: a) breve caracterización de los/as pequeños productores hortícolas de la Feria Agroecológica de Córdoba; b) auto-percepción del cuerpo en el marco del sistema alimentario local.


Presentación de los/as pequeños productores hortícolas


Familia 1

Hilda es jefa de hogar, tiene 60 años, proviene de familia de productores bolivianos, nació en Santa Fe y vivió allí hasta los veinte años. Desde entonces habita en la zona norte del cinturón verde de la provincia de Córdoba, donde se asienta su unidad productiva de dos hectáreas y media (alquila). Convive junto a sus hijas, Susana de 22 años y Luisa de 32 años que está en pareja y tiene una niña pequeña. A diferencia de su madre, han concluido el nivel primario, no así el secundario. No obstante, Susana manifiesta interés por cursar Ciencias Agropecuarias en la universidad. La particularidad de esta familia es que posee una “estructura matriarcal”, típica de la “comunidad boliviana”, donde en “su mayoría son mujeres las que toman la agroecología” (Grupo de discusión con informantes claves,

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2016). En relación a las condiciones habitacionales, la vivienda es pequeña y está construida de ladrillos blocks, techo de chapa, piso de tierra y aberturas de madera. En cuanto a los servicios, acceden a luz eléctrica, gas y agua envasada. Hilda ha sido productora hortícola convencional o agroindustrial desde niña, ayudaba a su padre a trabajar la tierra desde este modelo. Creció en el campo, le gusta vivir sembrando, cosechando. Este saber-hacer trasmitido inter-generacionalmente constituye un mandato familiar a continuar por sus hijas.


Familia 2

Está integrada por Arturo de 60 años, Estela y sus dos hijos; Pablo de 25 y Rubén de 22 años. Estos últimos han finalizado sus estudios secundarios y el mayor inició su carrera universitaria en la Facultad de Ciencias Agropecuarias (UNC). Todos son nativos de Córdoba y viven en la unidad productiva heredada de la familia paterna, junto al legado de ser productores:

“desde que nacimos estamos en esto y es lo que nos gusta, lo que nos entretiene, es lo que sabemos hacer y hacemos desde siempre” (Entrevista a productores Pablo y Rubén, 2016).

Disponen de un total de 10 hectáreas aproximadamente (cuatro son propias y el resto alquiladas). Geográficamente, se localizan en la zona sur del cinturón verde. Si bien los muros de cemento del paisaje urbano -countries principalmente- “los están encerrando”, la familia “trata” de seguir manteniendo sus prácticas productivas. Aunque esto no es compartido por el resto de sus vecinos/as, a quienes el negocio inmobiliario los va convenciendo por su alta rentabilidad.


Familia 3

José es oriundo de Buenos Aires. En el año 1986, con 19 años de edad, luego de terminar el servicio militar decidió dejar atrás la vida ruidosa de la ciudad porteña para mudarse a Alta Gracia, provincia de Córdoba. Allí comenzó sus estudios universitarios en Ingeniería Aeronáutica, además de trabajar en el campo. En esa localidad tiene su unidad productiva de 20 hectáreas de extensión, compartiendo la cotidianidad del trabajo con su único hijo Martín, quien es ingeniero agrónomo. A su vez, tiene dos hijas que no viven en la misma vivienda y tampoco se dedican a las actividades productivas. En el año señalado, este productor inicia con la actividad en el campo bajo el modelo convencional en paralelo con la aviación. Su taller aeronáutico, espacio utilizado para el mantenimiento de aviones agrícolas fumigadores, se ubicaba en el predio de su unidad productiva. Él nos comenta que era una forma de continuar con el legado familiar ya que, “toda la vida hicieron aviación” (Entrevista a productores José y Martín, 2016).


Familia 4

Este grupo se compone por Oscar, jefe de hogar de 60 años aproximadamente, quien trabaja en su unidad productiva junto a tres de sus cinco hijos/as; Diego, Víctor y Natalia. Su mujer, llamada Soledad, tiene un kiosco en la cercanía del campo. Ellos son una de la decena de familias que constituyen la actual cooperativa de trabajo que desde hace más de diez años se sitúa en la zona sur del cinturón verde de la ciudad de Córdoba en una extensión de 30 hectáreas (la mitad son alquiladas y el resto propias). Como organización llevan adelante diversas actividades tales como trabajos grupales para la siembra y cosecha de distintas plantas, prácticas productivas agropecuarias, realizan cultivos en invernaderos y plantines para la venta o para el abastecimiento de sus miembros, preparan bolsones de hortalizas para comercializarlos en distintos barrios y localidades de la provincia de Córdoba, efectúan gestiones de alumbrado y red de agua para ayudar a la comunidad de sus alrededores.



La autopercepción del cuerpo como sentido fundante de la transición hacia prácticas productivas agroecológicas


En los relatos de los/as pequeños/as productores/as hortícolas acerca de su labor se expresa el tipo de interacción que sostienen con la naturaleza, trayendo inevitablemente el cuerpo a escena en analogía con la tierra y los alimentos. En otras palabras, su propio cuerpo les permite realizar un enlace directo con cada una de las fases (o relaciones) del sistema alimentario entendido como totalidad.

A modo de ejemplo, Hilda en su unidad productiva llevó adelante el método de agricultura

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convencional durante más de 40 años, “sembrando con urea y productos químicos”. Es decir, utilizando todo el paquete tecnológico que propone la agroindustria, a sabiendas que luego de la cosecha “teníamos que lavar mucho las hortalizas para poder comerlas” (Entrevista a productoras Hilda y Susana, 2016). Tanto ella como sus hijas notaban cambios negativos en la tierra que se vivenciaban en sintonía con el propio proceso de salud – enfermedad - atención de sus cuerpos. En relación a la primera, “todo quedaba mal, la tierra estaba seca y dura como una losa (…) estaba gastada”. En cuanto al segundo, cuando “curaban” o aplicaban productos químicos, “sentíamos que nos íbamos a hacer mal a nosotras”. A su vez, sostienen que “la gente se enfermaba mucho de cáncer, de tanto tirar urea” (Entrevista a productoras Hilda y Susana, 2016).

En este punto nos parece relevante retomar a Le Bretón (32) para detenernos en el cuerpo como lugar epistemológico de la relación del hombre con la naturaleza. Los miembros de las cuatro familias productoras perciben su propio cuerpo como un lugar estético-cognitivo desde el que han re-significado el trabajo con la tierra hacia la agroecología:

1. Un cuerpo enfermo/envenado, producto de la agricultura convencional.

2. Un cuerpo sano, resultante de una relación armónica con la ecología o con el cosmos.

El mencionado autor señala que el cuerpo es una constelación sensorial. De modo que, los sentidos corporales funcionan como unidad (accionando en conjunto) tras la tarea de producir sentido. Así, el cuerpo constituye el filtro que tiene el hombre para apropiarse del mundo a partir de sistemas simbólicos compartidos entre los suyos que dotan de significado al flujo constante de imágenes, sonidos, aromas, texturas, colores, paisajes que nos interpelan. De esa manera se van estructurando las percepciones que acumulamos y reproducimos. Entonces, una percepción es un modo naturalizado de dotar de cierta organización (producto de una previa interpretación) a las impresiones del exterior. Por consiguiente, está anclada en significados y, a su vez, proyecta significados sobre el mundo. Esto implica que lo que percibimos no es lo real, sino un mundo de significados.

El producir alimentos se siente corporalmente, en principio por el esfuerzo físico –fuerza muscular- de la tarea. El/la productor/a hortícola habita un cuerpo trabajador que “transpira” por el esfuerzo que le conlleva operar “con la azada, con la pala, limpiar los canales y machetear el yuyo”. Es un cuerpo activo, “que trabaja a pulmón”, y que no se da lugar para “sentir mucha fiaca” durante la jornada laboral. Es un cuerpo que frente a la mirada de un observador externo se presenta “embarrado”, dado que el “andar” en el campo les marca la vestimenta y la piel.


H: Yo estoy con transpiración... olor a… [Sudor]

S: … está el barro y vos no querés que ellos [visitantes] se ensucien, es un tema, pero viste que acá vos podes andar.

S: la base nuestra es que no usados plaguicidas, herbicidas, ni nada de eso, nosotros trabajamos a pulmón.

H: Si, así como ella pero ahora no, yo ya no puedo, yo trabajaría hasta este año y ya no puedo porque para trabajar hay que tener fuerza, con la azada, con la pala, que limpiar los canales, que machetiar este yuyo (…) la gente enseguida se cansa, enseguida no puede trabajar, de todo, yo no soy de sentir mucha fiaca…

(Entrevista a productoras Hilda y Susana, 2016)


Además de la azada, la pala y el machete, las manos son parte esencial de las herramientas de trabajo. En el caso de Hilda, se caracterizan por ser ásperas y agrietadas, de color oscuro al igual que sus uñas, duras y percudidas por la tierra y los químicos. Junto a su rostro, expresan la determinación social de su cuerpo. En la historicidad de su trayectoria de vida, el peso de las condiciones materiales de existencia dejó huellas corporales. Por el contrario, el cuerpo de los/as otros/as productores/as participantes nos comunica otro mensaje, una condición diferencial de clase social de pertenencia.

A su vez, el cuerpo trabajador en el campo difiere en energía según la etapa vital que transite. En lo que respecta a Hilda, a pesar de que le “encanta el campo”, producto de su edad habita un cuerpo que no se “recupera igual” de rápido cuando se lastima.

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S: pero bueno a ella [Hilda, su madre] le encanta, siempre dice que, porque ella es grande, viste cuando cambia el tiempo y es como que uno cuando ya es grande es como que te lastimaste algo, ella siempre es como que no se recupera igual, bueno como toda persona grande, pero después si fuera por ella, ella no deja el campo. (Entrevista a productoras Hilda y Susana, 2016)


Este cuerpo, como antes describimos, es el locus de percepción de la propia salud. Los/as productores/as entrevistados/as refieren que la cualidad “porosa” del cuerpo les ha permitido vincular ciertos síntomas con la producción convencional. En esa perspectiva, Hilda, Susana y Oscar, señalan “lo mal que se sentían” luego de “haber estado curando” ya que “ese olor se les pasaba” al interior corporal en términos de: “dolor de estómago, dolor de cabeza, ardor en la piel, problemas en la vista o respiratorios”. Paulatinamente, sus cuerpos se iban transformando en cuerpos enfermos/“envenenados” porque “las células mutan” hacia estadios patogénicos producto de las “concentraciones ínfimas de químicos absorbidas”. De este modo, la semiología corporal se convirtió en un dispositivo centinela de sus propias prácticas productivas.


J: (…) ustedes por más que crean que una cola de avión está hecha en materiales de acero, es un material poroso. Esto es un pedazo de cola de avión fumigador. Uds. la ven, la huelen, no tiene olor, pero si agarro una lija y la froto, los vapores de los químicos brotan. Ahora imagínense lo que les digo, nosotros somos extremadamente porosos y el que les diga que los químicos no tienen residuos y que a nosotros no nos hacen nada, es mentira, nosotros estamos muriendo de a poquito porque la concentración que tenemos o que absorbemos es ínfima pero esto te va generando mutaciones celulares y un montón de trastornos que no los ves hoy. (Entrevista a productores José y Martín, 2016)


H: Sí, yo cuando curaba también, tiraba con la mochila, ahh casi me hace mal (…) mucho dolor de estómago, dolor de cabeza, nos agarraba así.

S: (…) yo tengo psoriasis, a mí me toca algo la piel y ya…entonces imagínate, ella [Hilda, su madre] ya no quería que yo esté con el veneno, hoy en día usamos los productos que hacemos nosotros. Se te pasa ese olor, cuando curábamos, sentíamos el olor, la piel te ardía (…). (Entrevista a productoras Hilda y Susana, 2016)


P: (…) yo sé que todos esos preventivos que hago no son malos para el organismo [agroecológicos], no tenes que tenerle miedo si hiciste un preparado, lo aplicas sin ningún problema. Vos decís: sé que no voy a tener tanto problema como tenía con los otros preparados que si lo aplicas mal podes tener problemas en la vista o problemas respiratorios o problemas de salud, digamos (…). (Entrevista a productores Pablo y Rubén, 2016)


O: (…) vos no sabes lo mal que nosotros nos sentimos, mi hermano todas las semanas al médico, porque la cabeza, por lo otro (...). (Entrevista a productores Oscar y Diego, 2016)


Estas percepciones sobre el cuerpo constituyen construcciones sociales que empezaron a gestarse desde que eran chicos/as, cuando sin darse cuenta sintieron los químicos “en sus manos”- nuevamente esta parte del cuerpo en contacto con lo “terrible”. Se fueron moldeando e inscribiéndose dentro de una trama de sentido circunscripta a su grupo social de pertenencia. En relación a esto, manifiestan ciertos sentires respecto de que la enfermedad es una razón “de descarte” para el cuerpo trabajador. En el contexto de sus historias de vida, “no se olvidan”, está grabado como marca sensible que, cuando te enfermás “los productores grandes o los gringos” te reemplazan, te dejan sin trabajo. Aquí también ponen en relieve la estructuración social dominante que existe a la hora de producir y de participar en los sistemas alimentarios locales.

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O: (…) yo era chico, me acuerdo todo, me mandaban, un gringo, había que echarle gamexane al repollo, porque con eso no entra ningún bicho, el gamexane era terrible, con las manos así nos mandaban a nosotros. (...) Oscar, negro ¿vamos a comer asado? [Le dijo el patrón] así que caímos un día a un quincho y estaban todos los gringos, los grandes, yo siempre caía con él, nosotros ahí vimos una película (…) ¿cómo se llamaba el documental?... gente descartable, y empezaron a pasar gente de Salta, Bolivia, Jujuy, donde los mandaban a fumigar con mochila y se veía que después iban tosiendo, ¿y qué te pasa? Y, no sé. No, no, entonces no trabajes más y le decían al capataz, éste está para atrás, cámbiamelo, tráeme otro. Ahí entendí por qué era el hombre descartable y bueno todas esas cosas, yo no me olvido (…). (Entrevista a productores Oscar y Diego, 2016)


No obstante, el proceso de construcción corporal -o de construcción de sentidos- prosigue la vida entera según las modificaciones sociales y culturales, las peripecias de Ia existencia personal y los diferentes roles que los productores asumen. En base a esta premisa, el cuerpo de aquellos productores convencionales fue un “cuerpo que no aguantó más tantas cosas que le ponían”, siendo este uno de los motivos que les permitió “decidirse a no curar más” y comenzar la transición hacia prácticas productivas alternativas de la mano de otros actores de la Feria. También, fue una forma posible para dejar atrás la predisposición a enfermar, transitando hacia un cuerpo trabajador en relación armónica e íntegra con la naturaleza.


S: (...) porque si vos la escuchas a mi mamá ella te va a decir que antes no había estas enfermedades, nosotras cuando éramos chicas éramos más duras, ahora mi sobrina vive enferma, para mi es esto de que tantas cosas le ponemos a la comida y el cuerpo no aguanta (…) así que al último decidimos no curar más (…). (Entrevista a productoras Hilda y Susana, 2016)


A pesar del arduo trabajo que conllevan las prácticas productivas alternativas, que demandan una corporalidad disponible a tiempo completo, que sólo “descansa” y se recrea un día a la semana cuando el trabajo así lo permite, los/as productores/as sienten que sus cuerpos son “generadores de vida” porque su “rol” es producir alimentos para nutrir a la comunidad. Este rol social olvidado que E. P. Thompson (14) nos recuerda, vuelve a emerger en estos agentes que se consideran servidores sociales del pueblo. Ellos saben que tienen un papel fundamental dentro del sistema alimentario local. Asimismo, consideran que la “visión” social hacia ellos es de “compasión” porque realizan una “actividad ingrata” al pasar “frío, calor y comer tierra”.


O: (…) yo el sábado a veces lo agarramos medio para un descanso poco. (Entrevista a productores Oscar y Diego, 2016)

J: en una charla con alumnos que viene acá hablo y les digo: ¿Quién es el productor para ustedes? (…) nos contestan que para ustedes es una actividad ingrata porque comen tierra, se cagan de frío, se cagan de calor, y todo lo que implica la actividad del campo. Frente a eso, yo les dije que les puedo dar otra visión, nosotros generamos vida y sin estos negros de miércoles que generamos vida, ustedes estarían todos cagados de hambre, entonces vos decís, en toda esta cadena cada uno cumple un rol social (…). (Entrevista a productores José y Martín, 2016)


Por otra parte, al establecer un correlato entre el cuerpo y la agroecología, ésta “no se puede hacer solo, los cuerpos tienen que estar ligados, porque se necesita de muchas instituciones, muchos productores, muchas personas”; es decir, muchas corporalidades para hacerla posible. Para hacer agroecología hay que poner el cuerpo individual (productores) y colectivo (familias productoras y la Feria).


S: Por más que yo no siga, porque yo sola voy a poder hacer una huerta en la casa, pero ya no trabajar en un campo (…) si mi

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mamá se jubila, mi hermana deja, el cuerpo tiene que estar. (Entrevista a productoras Hilda y Susana, 2016)

En concordancia con S. Gliessmann, et al. (35), los/as participantes de esta pesquisa, de manera secundaria resaltaron otros desencadenantes: 1. la necesidad de sortear los costos crecientes de energía como así también los márgenes bajos en las ganancias de las prácticas convencionales; 2. el disponer de un escenario propicio para el desarrollo de nuevas prácticas productivas y de mercados conscientes para sus producciones. En este marco, al igual que S. Sarandón y C. Flores (36), caracterizaron al proceso de transición como complejo y dinámico. Frente a ello, siguiendo los pasos -no secuenciales- señalados por Gliessmann (35), para transformar sistemas convencionales de monocultivo en agroecológicos diversificados, a partir de este estudio podemos reconocer que:


En relación a reducir el uso de insumos costosos, escasos, o ambientalmente nocivos, aumentando la eficiencia en las prácticas productivas: resultó dificultoso debido al saber-hacer convencional fuertemente arraigado, aunque, progresivamente fueron apropiándose de la tecnología de procesos.

En relación a la sustitución de dichos insumos por otros alternativos u orgánicos: los/as productores/as de la Feria fueron comprobando que los fertilizantes usualmente utilizados beneficiaban a las plantas pero no así al suelo. Por este motivo abandonaron esta práctica, pero no sucedió lo mismo con la aplicación de plaguicidas, dado que las plagas son difíciles de combatir desde la óptica convencional heredada.

En relación al rediseño del agroecosistema aumentando la biodiversidad a través de combinación de especies y rotación de cultivos para prevenir la aparición de plagas y/o enfermedades: los/as participantes sostienen que la prevención cumple un rol principal en el manejo agroecológico, posibilitando la convivencia de diferentes especies y manteniendo el equilibrio natural.

En relación al cambio de ética y de valores, involucrando tanto a los/as que producen como a los/as que consumen alimentos: los/as entrevistados/as mencionan como necesario un cambio de paradigma que permita una coherencia entre la forma de ser, vivir y producir.

De manera complementaria, es relevante aclarar que dicho proceso no se da de manera homogénea en todos los grupos familiares con quienes trabajamos. Según los/as autores/as antes citados/as (36), depende de atributos estructurales del agroecosistema (situación de partida) y acontecimentales (conocimiento ambiental local). En base a los resultados obtenidos en este estudio, a estos atributos se añaden las condiciones materiales y estructurales de vida de cada grupo familiar, presentándose mayores obstáculos productivos para quienes se encuentran en situación de pobreza rural (37).

El mencionado proceso de transición fue moldeando la concepción de agroecología de los/as pequeños/as productores/as hortícolas y, del mismo modo, ésta fue dotando de sentido a sus prácticas productivas alternativas; existiendo una relación bidireccional entre ambas categorías de análisis. En otras palabras, se observó que la(s) concepción(es) de agroecología presentan niveles crecientes de complejidad según el momento del proceso de transición que cada productor/a vivencia.

De este modo, algunos/as pequeños/as productores/as comprenden la agroecología como un método productivo que, a diferencia del convencional, no emplea insumos químicos. Esto discrepa de lo que afirman E. Cerdá y Sarandón (38), quienes señalan que no es un “estilo” de agricultura (orgánica, biodinámica, natural, permacultura), no es una serie de técnicas, no consiste sólo en el “no uso de insumos químicos”. Sino que la agroecología es un nuevo enfoque, holístico, sistémico y multidisciplinario que pretende entender y utilizar los principios generales que rigen el funcionamiento de los agroecosistemas y sus componentes. En la misma perspectiva, F. Caporal y J. Costabeber (39) también la entienden como un nuevo enfoque que reemplaza la concepción exclusivamente técnica por una que incorpora la relación entre la agricultura, el ambiente global y las dimensiones sociales, económicas, políticas, éticas y culturales. Por su parte, Sarandón y Flores (36) sostienen que uno de los aspectos más destacados de la agroecología es la fuerza con la que introduce y resalta su componente sociocultural. Éste permite revalorizar los valores y saberes locales de las poblaciones para la generación de propuestas de desarrollo rural. Otros referentes como VC la conciben también desde una

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óptica más integral, como un modo de ser, de vivir y de producir, que revaloriza la naturaleza y respeta la Madre Tierra (40). Este postulado se inscribe en el relato de otros/as productores/as de la Feria, quienes definen a la agroecología como una filosofía de vida que indispensablemente necesita de otros/as para materializarse; involucra a cuerpos ligados individual y colectivamente. Que se condensa en un nosotros/as, que involucra tanto a productores/as, a consumidores/as como a la madre tierra; es un continuum de todo lo que tiene vida y alimenta a la vida. Como producto de esta investigación, nos parece significativo resaltar la noción de cuerpo como eje nodal de los procesos agroecológicos de los sistemas alimentarios locales.

En lo que respecta a ese nosotros/as, a lo largo de esta indagación, se logró dar cuenta que esta alternativa productiva favorece el intercambio intergeneracional de roles. Se pudo observar que entre hijos/as y padres/madres existe un recambio de cuerpos a cargo de las tareas/responsabilidades inherentes a la labor en el campo y también a la expansión de la agroecológica como fenómeno multiplicador. Lo anterior se ve fortalecido porque los/as primeros/as alcanzaron o quieren alcanzar títulos universitarios, destacando un interés particular por las Ciencias Agropecuarias.

Asimismo, cabe destacar que no queda duda entre la totalidad de los/as productores/as entrevistados/as que esta alternativa productiva se relaciona directamente con su salud, la de los/as consumidores/as y la de la tierra. Esta percepción es compartida por un productor de la provincia de Santa Fe llamado Remo Vénica, quien sostiene que en suelos sanos nacen plantas y animales sanos, originando en consonancia personas sanas (41).

Los/as productores/as participantes de la Feria coinciden con M. Manzanal, M. Arzeno y F. Villareal (42) en que no se trata de una disputa entre “dos modelos de desarrollo rural” si no que es posible lograr una convivencia armoniosa entre ambos. Uno encarado por el “agro-negocio” que continuará garantizando la inserción argentina en el mercado mundial de alimentos pero que debe ser regulado y legislado por el Estado. Y otro por el sector de la agricultura familiar y la agroecología, que tiene la capacidad de producir alimentos de manera diversificada en los ámbitos locales.

Para cerrar, consideramos que los pequeños productores hortícolas nos están invitando a los profesionales de la salud a “pensar de otra manera”, desde el cuerpo. El cuerpo como matriz de sentido que condensa las dimensiones biológica, social y ambiental que hacen a la “nueva nutrición”, pero también las dimensiones histórica y sensible tal como nos recuerdan los pensadores latinoamericanos inicialmente mencionados.


Agradecimientos: a todos los miembros de la Feria Agroecológica de Córdoba que participaron de esta investigación.



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Diaeta (B.Aires) 2020;38 (171). ISSN 0328-1310